jueves, 6 de noviembre de 2014

El Festival de los Colores


En las regiones montañosas de Norte América donde los árboles y las plantas nos brindan un festival gratuito, nos despertamos en la mañana con un desayuno típico de la región; dos huevos, salchichas, tocino, papas fritas y fréjoles con miel de maple. Había uno que otro al que le quedaba espacio para unas tostadas con caramel, mermelada de mortiño, mantequilla de maní o simplemente mantequilla. Ah y el infaltable café, servido antes de nada y más de una vez.

El día soleado nos permite apreciar un paisaje lleno de vida. El azul del cielo combinado con toda la gama de verdes, rojos y amarillos; pude ver también blancos y morados. Un espectáculo. Es otoño pero, hay unos días calientes - le llaman el “Verano del Indio”- y toda la magia de los colores pudo estar acompañada con un paseo al lago en bote de pedal, no podíamos dejar de saltar al agua, por última vez en el año, frío pero delicioso. Nada como bañarse en los lagos.

Estaba cerca de anochecer, fuimos a una construcción abandonada en una de las montañas más altas de la región, las personas mayores contaban que ahí habitaban militares aviadores en tiempos de guerra y que después construyeron un castillo medieval  como atractivo turístico pero, no tuvo éxito, ahora es un lugar destruido con muchas expresiones de arte urbano. En fin, aquí el festival llegó a su máximo esplendor, una exposición de colores hasta donde nos alcanzaba la vista.



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