Ya se siente frío. Salí a tomar unas fotos en el Centro de Saint Therese, Quebec, mientras manejaba
la bicicleta mis ojos comenzaron a lagrimear y mis manos y pies a bajar de
temperatura. En el camino tuve que parar a comprar nuevos audífonos porque los
que tenía no soportaban el viento, llegue a la Iglesia de la Ciudad y me
recibió una ardilla, una de tantas que andan por ahí, un día hermoso y un nuevo
paisaje. Árboles sin hojas llenos de luces, la gente vestida diferente, y todo
decorado de Navidad.
El primero de noviembre comencé a ver adornos de Papá Noel y
pregunté ¿Por qué tan temprano?, me dijeron; “después no pueden hacer las
instalaciones afuera porque hace mucho frio”. Desde que se comenzaron a ver
bandadas de pájaros que migran empecé a escuchar que “el frio se acerca” pero,
yo no me fijo en estas señales, no asimilo que de un mes a otro las cosas
pueden cambiar drásticamente. No es sino hasta hoy que me doy cuenta que el
vivir en Quebec va a ser diferente.
Se requiere un cambio de costumbres, de nociones, de
conocimientos y comportamientos. Para mí era suficiente con ver por la ventana y
sabía: como está el día, como vestirme, la temperatura e incluso la hora. Sabía
que en el mercado siempre habían los mismos productos (con algunas
excepciones), podía pensar en una parrillada cualquier tiempo del año, en ir a
la playa en no importa que feriado, montar bicicleta todos los días (aunque
esto nunca hice), ir a la montaña o a acampar cualquier fin de semana y así…
El invierno se acerca y con él seguro muchas nuevas cosas que
aprender; el sol se aleja, ya no está en el mismo lugar a la misma hora que
ayer; pronto veré un nuevo paisaje, nuevos colores, nuevas actividades, una
nueva cultura que conocer. La cultura Quebecua
en su frio invierno. Por ahora he comenzado con ver el reporte
meteorológico a diario, algo que parece tan normal para ellos, pero yo, que les
diré, hay veces que me olvido. Seguro cuando ponga un pie en la calle lo
recordaré de inmediato.